lunes, 21 de febrero de 2011

Pido la palabra

Si cierro los ojos y me quedo en silencio  puedo oír el repiqueteo de la máquina de escribir de mi abuelo, sentir la tibieza de sus teclas y  percibir el olor inconfundible de la tinta sobre el papel.

Hoy apenas quedan  Hispano-Olivetti,  ya no hay papeleras repletas de letras abortadas y el folio blanco está siendo engullido poco a poco por brillantes pantallas de ordenador.

Pero lo más importante aun permanece: la necesidad de compartir, de contar, de decir. La divina necesidad de escribir.

Desde aquí pido la palabra para escribirla.

Unas veces lo haré bien y otras, la mayoría, seguramente mal. Algunas  escribiré de lo que me gusta y otras me disgustaré escribiendo. Unos días  contaré lo que me pidan y otros las musas me ayudarán a rebelarme.

Escribiré desbordando la realidad aun cuando la realidad me desborde.

Se abre el telón. Comienza la función.



1 comentario:

  1. Le he dado a Seguir únicamente para que no parezca tan pobre el blog.

    Por cierto, que no sirva como precedente, pero me gusta la entrada.

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